Más sobre mí

Voy a abrirme totalmente y a ser 100% transparente.
Mi nombre es Jose, soy un amante de la naturaleza y del ser humano.
De pequeño, me fascinaban las estrellas, esos misteriosos puntitos azules que aparecían en el cielo cuando oscurecía. El solo hecho de observarlas me hacía sentir especial. Quería entenderlo todo, todo me causaba curiosidad así que, como todos los niños, no paraba de hacer preguntas. Mi madre trabajaba, con lo cual preguntaba constantemente a mi padre. Normalmente, la respuesta tardaba unos segundos en llegar y con mucha frecuencia escuchaba con un tono de duda esa frase... "no sé cómo explicarlo"; otras veces, la respuesta era incorrecta. De esto último me daba cuenta después de las risas de los niños vecinos y compañeros del colegio cuando yo repetía esas respuestas. Más tarde descubrí y entendí que mi padre tenía un 65% de discapacidad psíquica.

Recuerdo mi infancia con la casa en obras y a mi madre haciendo cuentas sobre esas deudas interminables. "Estamos con la soga al cuello", ese era el mantra diario en casa. La caridad de la iglesia nos ayudaba con la comida; a menudo vestía con la ropa que nos donaba la dueña de la floristería, ya que su hijo era un poco mayor que yo. No teníamos coche y con suerte íbamos de vacaciones alguna vez. Cuando tenía seis años y mi hermano pequeño apenas dos, mi madre enfermó de cáncer. Siete años después, tras varias intervenciones, no podía levantarse de la cama, perdió la memoria, la cordura y la movilidad. Poco antes de ese momento, desarrollé un trastorno obsesivo compulsivo. En clase, entrelazaba el lápiz en mi flequillo y le daba vueltas hasta me que acabé arrancando el flequillo de raíz literalmente.

Tres años más tarde, el 24 de Abril de 2011, acabó su sufrimiento.
Hasta ese momento, la fe de mis padres se movía entre la medicina y la religión y como era de esperar, acabé desencantado de ambas.
Mi padre entró en una profunda depresión que duró unos diez años aproximadamente. Yo, mientras tanto, desarrollé un interés especial por el rap. Me sentía identificado con lo que transmitían esos artistas resentidos. Me expresaba escribiendo, era una forma de desahogo. Por esas fechas conocí a un grupo de chavales que hacían parkour y me uní a ellos en una fuerte amistad.
En paralelo, me enamoré de la medicina alternativa después de haber visto varios documentales y mi vida se fue desarrollando entorno a esos ambientes.

Gracias a la madre de un amigo, aprendí cómo buscar trabajo: "Echando currículums puerta por puerta en los restaurantes".
Me vestía lo mejor posible e iba nervioso a tocar la puerta. Al principio íbamos mi amigo y yo juntos y cuando él encontró su primer trabajo, me tocó seguir.
Sin éxito, decidí emprender en mi primer negocio, una pizzería casera. Colgué un cartel en la ventana de la fachada de casa y conseguí algunos clientes hasta que se rompió el horno.
Desesperado y después de dos años de muchos intentos, sin experiencia laboral y sin más que la educación secundaria obligaría, me enteré de que buscaban personal en un McDonald's y fui corriendo a dejarles mi CV. En la entrevista, seleccionarían solo a una de doce personas que querían la vacante. Me eligieron a mí, así que estaba lleno de euforia por conseguir mi primer trabajo.

Tras cuatro meses me enteré de que fuera de la ciudad había condiciones mucho mejores. No dudé en averiguarlo por mí mismo. Así fue como encontré mi segundo trabajo, por 1200€. La felicidad me duró pocos días; el trato del jefe de cocina era realmente increíble. Cambié varias veces de trabajo y cuando ahorré suficiente, decidí emprender en mi primer negocio oficial, un estudio de grabación musical en casa. Justo cuando parecía que empezaba a arrancar, llegó el confinamiento, así que volví a la cocina, volví a ahorrar y decidí apostar por mí mismo dentro de la industria musical.
Viajé a Los Angeles, California, con mi hermano para grabar los videoclips de un disco en conjunto.

Sacrifiqué mi descanso, los días soleados, el ejercicio físico, el 100% de mi ocio, mi paz mental, mi relación de pareja. Nuestra vida giraba entorno al negocio. Creíamos firmemente que sacrificar cinco años de juventud equivaldría a tener un futuro tranquilo. Estaba crónica y profundamente estresado.
Hice canciones talentosas y producciones audiovisuales muy competentes junto con mi equipo mientras trabajaba. Hicimos conciertos y campañas de promoción, ganamos un concurso mediático de rap, hicimos el Show de apertura del evento de batallas más importante del año. Fui, otra vez nervioso, a la puerta de las cuatro discográficas más poderosas del país, a echar mi currículum, como aprendí a hacer hacía ya siete años.
Creía tanto en mí que pedí un préstamo importante para impulsar mi carrera. Llamé la atención de una discográfica y un manager importante pero enseguida entendí que estaban esperando a que triunfase por mi cuenta para ofrecerme un contrato.

Exhausto, con un diagnóstico de Ansiedad no Especificada, otro de Enfermedad por Hígado Graso no Alcohólico y múltiples síntomas físicos como inexplicables y repentinos ataques de pánico, mareos, dolor punzante de cabeza y corazón... mi médico general me dio la baja laboral. Decidí dejarlo todo e irme a vivir a un campo, cedido temporalmente por un chico que conocí en un encuentro de alimentación saludable. El solo hecho de cambiar de ambiente y verme inmerso en el proyecto de construir la pequeñita casita de madera en la que viviría, hizo que mejorara mucho.

Terminé la casa pero los planes no salieron como planeé así que tuve que volver a mudarme y buscar empleo.
Ahora me sentía más sano y gracias a un amigo, entré de peón de albañil en una empresa de construcción; a los pocos meses conseguí un contrato de recepcionista de hotel, lo que para mí, dada mi previa experiencia laboral, era subir de nivel pero al mismo tiempo, mi relación de pareja se volvía cada vez más complicada. Nos queríamos pero no había paz; no entendíamos qué pasaba. Y como siempre, seguí estudiando e investigando.

Me di cuenta de que a pesar de lo imposible que parecía, no debía posponer más el hecho de descubrir... qué querían de mí todos esos sucesos.
"¿Cuál es mi verdadero propósito en la vida?" "¿Qué sentido tiene todo esto?" "¿Qué tendría que hacer yo para que todo esto haya merecido la pena?"

Busqué espacio y silencio y esta vez, sin prisa, abrí mi mente y prioricé buscar y encontrar las respuestas a esas preguntas como si fuera la cosa más importante. Una vez más, empecé a investigar... no solo en la lectura... sino en mí: puse en duda mis convicciones, mi percepción del mundo; observé mis propios pensamientos desde fuera, mi propia identidad, mis valores. Puse mis esquemas mentales y emocionales en papel para darme cuenta de lo que me bloqueaba, de cuál es mi verdadero propósito en la vida.

Ahora, aunque recordando el pasado y teniendo planes de futuro, vivo en el presente; puedo ver con claridad lo maravilloso de la vida, cada día soy mi mejor versión, vivo en paz conmigo mismo; vivo agradeciendo cada pequeño detalle que antes daba por hecho; he desarrollado una alta capacidad de control emocional, organizo mi tiempo con efectividad y tengo una disciplina a prueba de trampas y lo más importante, SIEMPRE estoy dispuesto a aprender. Esto se traduce en una constante vibración de entusiasmo por la vida que de alguna manera especial, percibo yo mismo y contagia a otras personas; yo lo llamo, Supraura.